La Segunda República Española (1931-1939) fue un régimen democrático que intentó modernizar España desde sus cimientos: reforma agraria, laicización del Estado, autonomías regionales y derechos sociales. Sin embargo, las tensiones entre izquierda y derecha, la crisis económica y la violencia política desembocaron en un golpe de Estado militar y una cruenta Guerra Civil. El 1 de abril de 1939, las tropas franquistas entraron en Madrid, dando inicio a una dictadura que duraría casi cuatro décadas.
Niceto Alcalá-Zamora y Torres nació en Priego de Córdoba en 1877, en el seno de una familia acomodada de tradición jurídica. Estudió Derecho en las universidades de Granada y Madrid, y pronto destacó como abogado y como político dentro del Partido Liberal dinástico de la Restauración. Fue diputado en varias legislaturas y ocupó la cartera de Ministro de Fomento (1917) y más tarde Ministro de la Guerra (1922-1923) durante el último gobierno constitucional de la monarquía de Alfonso XIII. Su crítica a la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) le llevó a alejarse de la monarquía y a militar en posiciones republicanas.
En 1930, tras la caída de Primo de Rivera, Alcalá-Zamora participó activamente en el Pacto de San Sebastián, una reunión de fuerzas republicanas y socialistas que sentó las bases para derrocar la monarquía y proclamar la Segunda República. Fue elegido presidente del Comité Revolucionario que se convertiría en el primer Gobierno Provisional de la República tras el éxito de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931.
La proclamación de la República (14 de abril de 1931) le llegó como líder natural del nuevo régimen. Desde el balcón de la Casa de Correos (actual sede de la Comunidad de Madrid), proclamó la República "ante Dios y ante el pueblo" y asumió la presidencia del Gobierno Provisional. Su primer gran reto fue la redacción de una nueva Constitución. Hombre profundamente católico, Alcalá-Zamora defendió en las Cortes Constituyentes un modelo de república laica pero respetuosa con la religión mayoritaria. Sin embargo, el artículo 26 de la Constitución de 1931, que disolvía la Compañía de Jesús y prohibía a las órdenes religiosas ejercer la enseñanza, chocaba frontalmente con sus convicciones. A pesar de ello, juró la Constitución el 9 de diciembre de 1931 y fue elegido primer Presidente de la República por las Cortes.
Como jefe del Estado, Alcalá-Zamora buscó ser un árbitro neutral entre las diferentes fuerzas políticas. Su mandato coincidió con el Bienio Reformista (1931-1933) bajo los gobiernos de Manuel Azaña, con quien mantuvo una relación tensa. El presidente vetó varias leyes por considerarlas demasiado anticlericales o expropiatorias, lo que le valió las críticas de la izquierda republicana y socialista. Al mismo tiempo, la derecha monárquica y católica le reprochaba su participación en la "revolución republicana".
En 1933, Alcalá-Zamora disolvió las Cortes y convocó nuevas elecciones, que ganó la coalición de centro-derecha (CEDA y Partido Radical). Durante el Bienio Conservador (1933-1936), el presidente intentó frenar la deriva autoritaria de la CEDA, negándose en dos ocasiones a encargar gobierno a su líder, José María Gil-Robles, por sus simpatías con el fascismo. Finalmente, aceptó a Alejandro Lerroux como presidente del gobierno, pero la relación fue cada vez más difícil. La Revolución de Asturias (1934) y la posterior represión le enfrentaron a las derechas, que le acusaban de ser demasiado blando con los revolucionarios.
La caída de Alcalá-Zamora se produjo en abril de 1936, tras las elecciones ganadas por el Frente Popular. Las nuevas Cortes, dominadas por la izquierda, aprobaron su destitución por haber disuelto ilegalmente el Parlamento en dos ocasiones (1933 y 1936). Fue sustituido por Manuel Azaña. Aunque la destitución fue legal, muchos historiadores consideran que fue una decisión puramente política para eliminar a un presidente que frenaba las reformas.
Exilio y últimos años: Al estallar la Guerra Civil (julio de 1936), Alcalá-Zamora se encontraba en Madrid. Temiendo por su vida (era odiado tanto por los republicanos de izquierda como por los franquistas), huyó a la embajada de Francia y luego a Niza. Desde allí viajó a Buenos Aires, donde residió hasta su muerte en 1949. Durante el exilio, se mantuvo activo políticamente, escribiendo memorias y pronunciándose contra la dictadura franquista, aunque sin respaldar al gobierno republicano en el exilio por sus diferencias ideológicas.
Legado: Niceto Alcalá-Zamora es recordado como un republicano conservador y católico que creía en una república moderada, laica pero no anticlerical, y en el imperio de la ley. Su mayor contribución fue mantener un equilibrio institucional durante los años más convulsos de la República, aunque su incapacidad para integrar a las derechas católicas y a las izquierdas revolucionarias le convirtió en una figura incómoda para ambos bandos. Fue, en palabras del historiador Santos Juliá, "el presidente que quiso una república para todos los españoles y no la encontró".
Manuel Azaña Díaz nació en Alcalá de Henares en 1880. Huérfano de padre a los 11 años, estudió en los jesuitas y luego Derecho en la Universidad de Madrid. Fue funcionario de la Secretaría del Congreso de los Diputados, donde conoció a fondo la política española. En su juventud militó en el Partido Reformista de Melquíades Álvarez, pero la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) le radicalizó hacia posiciones republicanas. En 1930 fundó Acción Republicana, un partido de izquierda laica e intelectual.
La proclamación de la República (14 de abril de 1931) le sorprendió como diputado en las Cortes Constituyentes, donde destacó como un orador brillante y un teórico político de primer orden. Fue nombrado Ministro de la Guerra en el Gobierno Provisional, y desde esa cartera impulsó una reforma militar radical: redujo el número de oficiales ofreciéndoles la jubilación voluntaria con sueldo íntegro (unos 8.000 oficiales la aceptaron), cerró la Academia General Militar de Zaragoza (dirigida entonces por el general Francisco Franco) y democratizó los ascensos. Esta reforma le granjeó el odio de la derecha militar.
Tras la aprobación de la Constitución de 1931, Azaña formó gobierno en diciembre de 1931, presidiendo el llamado Bienio Reformista (1931-1933). Su acción de gobierno fue la más transformadora de la historia contemporánea de España:
Sin embargo, el bienio también estuvo marcado por la conflictividad social. La lentitud de la reforma agraria frustró a los campesinos, mientras que los anarquistas (CNT-FAI) protagonizaron huelgas e insurrecciones. El episodio más trágico fue el de Casas Viejas (Cádiz, enero de 1933), donde la Guardia de Asalto asesinó a varios campesinos y quemó la choza de "Seisdedos". Aunque Azaña no ordenó la represión, la derecha le responsabilizó. En septiembre de 1933, Azaña dimitió y se convocaron elecciones para noviembre, que ganaron las derechas.
Tras el paréntesis del Bienio Conservador (1933-1936), Azaña se unió al Frente Popular (coalición de izquierdas) y ganó las elecciones de febrero de 1936. Fue nombrado jefe de gobierno y, en mayo de 1936, tras la destitución de Alcalá-Zamora, elegido Presidente de la República. Su presidencia coincidió con la Guerra Civil (1936-1939). Azaña, un hombre de letras más que de acción, se sintió desbordado por la violencia y las divisiones internas del bando republicano. Intentó sin éxito negociar una paz negociada con los sublevados, y su famoso discurso en el Ayuntamiento de Madrid (18 de julio de 1938) —"Paz, piedad, perdón"— fue criticado por la izquierda como derrotista.
En febrero de 1939, con la guerra perdida, Azaña cruzó la frontera francesa y se exilió en Montauban, donde murió el 3 de noviembre de 1940. Según la leyenda, su última frase fue: "No sé si merezco todo esto". Su legado es el de un intelectual republicano que creía en la democracia liberal, la modernización del Estado y la reconciliación nacional, pero que fue superado por los extremismos de izquierda y derecha.
Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 se convirtieron en un plebiscito sobre la continuidad de la monarquía de Alfonso XIII. Aunque el recuento global favoreció a los partidos monárquicos en las zonas rurales (donde el caciquismo seguía vigente), las candidaturas republicano-socialistas obtuvieron una aplastante victoria en 41 de las 50 capitales de provincia, incluyendo Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza y Bilbao. El significado simbólico de las ciudades fue inequívoco: el pueblo pedía un cambio de régimen.
El rey Alfonso XIII, consciente de que había perdido el respaldo popular y el apoyo del ejército, decidió abandonar el país la noche del 14 de abril sin abdicar formalmente. En sus memorias escribiría: "No renuncio a ninguno de mis derechos, porque más que míos son un acervo acumulado por la Historia". Salió de Madrid hacia Cartagena, donde embarcó rumbo a Marsella y luego a Roma, donde viviría exiliado hasta su muerte en 1941.
En Madrid, una multitud entusiasta ocupó la Puerta del Sol y ondeaba banderas tricolores (roja, amarilla y morada). Niceto Alcalá-Zamora, presidente del Comité Revolucionario, proclamó la República desde el balcón de la Casa de Correos (actual sede de la Comunidad de Madrid). En Barcelona, Francesc Macià proclamó la "República Catalana" dentro de una federación ibérica, acuerdo que más tarde derivó en la restauración de la Generalitat. En Valencia, Sevilla y otras ciudades se vivieron escenas similares.
El Gobierno Provisional, presidido por Alcalá-Zamora e integrado por republicanos de izquierda (Azaña), republicanos de centro (Lerroux), socialistas (Largo Caballero, Indalecio Prieto, Fernando de los Ríos) y nacionalistas catalanes (Macías, Companys), asumió el poder con el objetivo principal de convocar Cortes Constituyentes. Sus primeras medidas incluyeron:
La proclamación fue recibida con enorme esperanza popular. Campesinos andaluces y extremeños esperaban el reparto de tierras; obreros industriales soñaban con salarios dignos y derechos laborales; intelectuales veían la oportunidad de modernizar el país; mujeres, aunque aún sin voto, comenzaron a organizarse por la igualdad. Sin embargo, la República también generó un rechazo visceral entre los sectores monárquicos, la jerarquía eclesiástica, los grandes terratenientes y una parte importante del ejército. El cardenal Pedro Segura, arzobispo de Toledo, pronunció una pastoral incendiaria contra la República, lo que llevó al gobierno a expulsarlo de España.
Legado inmediato: El 14 de abril de 1931 marca el inicio del primer gran experimento democrático de masas en España. Por primera vez, el poder no se transmitía por herencia dinástica, sino por voluntad popular expresada en las urnas (aunque de forma imperfecta, con elecciones municipales como plebiscito). Comenzaban cinco años de agitación reformista, tensiones crecientes y esperanzas truncadas. La proclamación sigue siendo hoy un símbolo para los republicanos españoles y se conmemora cada año como el nacimiento de la "Segunda República".
Aprobada por las Cortes Constituyentes el 9 de diciembre de 1931, la Constitución de la Segunda República fue una de las más avanzadas de su tiempo, profundamente influida por la Constitución de Weimar (1919) y el constitucionalismo social de entreguerras. Declaraba a España como una "República de trabajadores de toda clase" (artículo 1), superando la fórmula liberal burguesa e incorporando principios socialdemócratas.
Principales innovaciones y artículos clave:
Limitaciones y polémicas: A pesar de su avance, la Constitución de 1931 mantuvo la pena de muerte para delitos militares en tiempos de guerra; no reconoció el derecho al voto pasivo femenino hasta las elecciones de 1933 (tuvo que ser interpretado por una ley posterior); el Senado fue casi simbólico y no representó territorialmente como se deseaba. Además, los artículos anticlericales radicalizaron a la Iglesia y a las derechas católicas, que vieron en la Constitución una "declaración de guerra religiosa".
Vigencia y legado: La Constitución estuvo en vigor solo en la zona republicana hasta el final de la Guerra Civil (1939). Fue derogada por la dictadura franquista, pero su influencia fue enorme: inspiró la Constitución de 1978 en muchos aspectos (estado de las autonomías, derechos sociales, laicidad positiva) y sigue siendo un referente del constitucionalismo social europeo de los años treinta.
El Bienio Reformista (diciembre de 1931 - noviembre de 1933) fue el período más intenso de transformaciones legislativas y sociales de la Segunda República. Tras la aprobación de la Constitución, Manuel Azaña formó un gobierno de coalición entre republicanos de izquierda (Acción Republicana, Izquierda Republicana, Partido Republicano Radical Socialista) y socialistas del PSOE. Fue la alianza que permitió poner en marcha el programa más ambicioso de modernización democrática que España había conocido hasta entonces.
📜 La reforma militar: Azaña, como ministro de la Guerra, pretendía despolitizar y modernizar un ejército sobredimensionado, con exceso de oficiales (unos 18.000) y una mentalidad conservadora. Sus medidas fueron drásticas:
La reforma militar fue vista por los sectores castrenses más conservadores como un ataque al honor del ejército. Sin embargo, Azaña defendió que "para acabar con el militarismo, primero hay que acabar con los militares" (frase que pagaría caro durante la Guerra Civil).
🌾 La reforma agraria (Ley de Bases de la Reforma Agraria, septiembre de 1932): Fue la reforma más esperada por los campesinos y la más combatida por los terratenientes. La ley establecía la expropiación de latifundios sin indemnización previa (con compensación posterior) en Andalucía, Extremadura, La Mancha y Salamanca. Se creó el Instituto de Reforma Agraria (IRA) para ejecutar las expropiaciones y asentar a los campesinos.
📚 La reforma educativa y la laicización: Impulsada por el ministro Marcelino Domingo, pretendía acabar con el monopolio educativo de la Iglesia y crear una escuela pública, laica y obligatoria hasta los 12 años. Logros:
Estas medidas provocaron la ruptura con la Iglesia católica. El papa Pío XI condenó la Constitución en la encíclica Dilectissima Nobis (1933) y animó a los católicos a luchar contra la República. Nació así la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), un partido católico y conservador liderado por José María Gil-Robles, que se convertiría en la principal fuerza de oposición.
🏴 Autonomía de Cataluña: Tras largas negociaciones, se aprobó el Estatuto de Nuria (septiembre de 1932), que creaba la Generalitat de Cataluña como institución de autogobierno, con un Parlamento propio y competencias en educación, cultura, sanidad y orden público. El presidente de la Generalitat fue Francesc Macià (Esquerra Republicana de Catalunya). El estatuto fue un modelo para el País Vasco y Galicia, aunque sus estatutos no llegaron a aprobarse hasta 1936 (vasco) o quedaron en proyecto (gallego).
⚔️ Conflictividad social y crisis del bienio: A pesar de las reformas, la conflictividad no cesó. Hubo huelgas generales revolucionarias en 1932 y 1933 impulsadas por anarquistas (CNT-FAI) y comunistas, que exigían una revolución social inmediata. La insurrección anarquista de Casas Viejas (Cádiz, enero de 1933) fue el episodio más trágico: un campesino, "Seisdedos", se atrincheró con su familia; la Guardia de Asalto incendió su choza y asesinó a varios campesinos. La derecha lo usó para desprestigiar a Azaña, y la izquierda le reprochó no haber depurado responsabilidades.
📊 Balance y fin del Bienio Reformista: En septiembre de 1933, Azaña dimitió por la presión conjunta de la derecha y de los socialistas moderados. El presidente Alcalá-Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones para noviembre. El balance fue agridulce: se modernizó el país en muchos aspectos, pero la lentitud en la ejecución (especialmente la reforma agraria) frustró a las clases populares, mientras que la derecha percibió la República como una revolución anticlerical y marxista. El bienio dejó el país polarizado y preparó el terreno para el giro conservador (1933-1936).
"La República no fue el paraíso que unos soñaron ni el infierno que otros temieron. Fue un intento de construir un país moderno con demasiados enemigos y muy poco tiempo." — Santos Juliá, historiador.
La Revolución de Asturias fue la insurrección social más importante de la Segunda República antes de la Guerra Civil. Ocurrió entre el 5 y el 19 de octubre de 1934, organizada por la Unión General de Trabajadores (UGT) y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), junto con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España (PCE). La chispa fue la entrada de tres ministros de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) en el gobierno radical de Alejandro Lerroux, hecho que los socialistas consideraron un paso hacia el fascismo.
▸ Desarrollo de la insurrección
En Asturias, los obreros mineros tomaron el control de fábricas, minas, ayuntamientos y la ciudad de Oviedo. Formaron comités revolucionarios y establecieron una comuna obrera que duró dos semanas. Se incendiaron iglesias, conventos y el teatro Campoamor. Los mineros fabricaron sus propias armas y dinamita. Llegaron a controlar todo el valle del Nalón y el cinturón industrial de Gijón, Avilés y La Felguera. En otros puntos de España (Madrid, Barcelona, País Vasco) hubo huelgas generales y enfrentamientos, pero solo en Asturias la revolución tuvo éxito territorial durante varios días.
▸ La represión militar: Franco y el ejército de África
El gobierno republicano, presionado por la CEDA, envió al Ejército de África dirigido por el general Francisco Franco (entonces jefe del Estado Mayor). Junto a Franco acudieron los generales López Ochoa y Yagüe, así como la Legión Española y los Regulares Indígenas. Fue la primera vez que tropas coloniales actuaban contra la población civil peninsular. La represión fue brutal: bombardeos aéreos, asaltos a posiciones mineras y fusilamientos sumarísimos. Los legionarios y regulares protagonizaron saqueos, violaciones y ejecuciones extrajudiciales. Entre 1.500 y 2.000 personas murieron (la mayoría obreros), más de 30.000 fueron detenidas y cientos fueron torturadas.
▸ Consecuencias políticas e históricas
- Endurecimiento del Bienio Conservador: La revolución sirvió de excusa para paralizar aún más las reformas republicanas y perseguir a las organizaciones obreras.
- Radicalización de la izquierda: Los socialistas abandonaron la vía parlamentaria y comenzaron a prepararse para un enfrentamiento armado.
- Prestigio militar de Franco: Su papel en la represión le consolidó como "el salvador de España" ante las derechas y como figura clave del posterior golpe de 1936.
- Auge del miedo al "comunismo" en las clases medias y conservadoras: Las imágenes de iglesias quemadas en Asturias alimentaron la propaganda de la CEDA y la Falange, justificando futuros golpes militares.
- Encarcelamiento masivo de líderes socialistas: Entre ellos Francisco Largo Caballero (apodado "el Lenin español") y Indalecio Prieto, que huyó a Francia.
▸ Interpretación historiográfica
Para la izquierda, Asturias fue la "primera derrota del fascismo en Europa" (antes de la Guerra Civil española). Para la derecha, fue la demostración de que la República era incapaz de mantener el orden y que solo un gobierno militar fuerte podía evitar la "revolución bolchevique". En todo caso, la Revolución de Asturias fracturó definitivamente la convivencia democrática y aceleró el camino hacia la Guerra Civil de 1936. Como escribió el poeta Miguel Hernández: "Asturias, tan cerca, y yo tan lejos / de tu dolor de minas y de cielos".
"Aquello no era una huelga, era una guerra. Los mineros habían tomado las cuencas y gobernaban por sí mismos. Franco llegó con la Legión y los moros, y aquello se convirtió en un matadero." — Testimonio de un minero asturiano recogido por Hugh Thomas en La Guerra Civil Española.
Tras las elecciones generales de noviembre de 1933, el panorama político dio un giro radical. La coalición de derechas, formada por la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas, de José María Gil-Robles) y el Partido Radical de Alejandro Lerroux, obtuvo la mayoría parlamentaria. La izquierda, dividida entre republicanos, socialistas y comunistas, fue derrotada. Comenzó así el Bienio Conservador, también llamado "bienio negro" por sus detractores.
▸ El gobierno radical-cedista: Alejandro Lerroux fue nombrado presidente del gobierno, con el apoyo parlamentario de la CEDA, que no entró inicialmente en el gabinete. La CEDA, aunque se declaraba católica y conservadora, no ocultaba su admiración por los regímenes autoritarios de Europa (Dolfuss en Austria, Salazar en Portugal) y su deseo de reformar la Constitución para eliminar los artículos anticlericales y limitar las autonomías.
▸ Medidas del "giro conservador": El gobierno actuó rápidamente para deshacer las reformas del bienio anterior:
▸ La Revolución de Asturias (octubre de 1934): El hecho más importante del bienio fue la insurrección obrera de octubre de 1934, que tuvo su epicentro en Asturias. La chispa fue la entrada de tres ministros de la CEDA en el gobierno en octubre de 1934. La izquierda (socialistas, comunistas, anarquistas) lo interpretó como un paso hacia el fascismo y convocó una huelga general revolucionaria. En Asturias, los mineros tomaron el control de la región durante dos semanas. El gobierno envió al ejército al mando del general Francisco Franco, que utilizó a la Legión Extranjera y a los Regulares Indígenas para sofocar la rebelión. La represión fue brutal: más de 1.500 muertos, 30.000 detenidos y torturas generalizadas.
La Revolución de Asturias tuvo profundas consecuencias:
▸ Los escándalos de corrupción (estraperlo y caso Nombela): El Bienio Conservador se vio salpicado por graves casos de corrupción que minaron la credibilidad del gobierno y del Partido Radical. El caso del estraperlo (1935) destapó que altos cargos del Partido Radical habían recibido sobornos de una empresa de juego de azar para legalizar su actividad. El caso Nombela y el escándalo de Taiwan (comisiones ilegales en la compra de armas) acabaron por hundir a Lerroux y al Partido Radical, que se fragmentó.
▸ La crisis del bienio y nuevas elecciones: La corrupción y la radicalización política forzaron la convocatoria de nuevas elecciones para febrero de 1936. La CEDA intentó presentarse como la única fuerza capaz de mantener el orden, pero el desgaste del gobierno y la unión de la izquierda en el Frente Popular (republicanos, socialistas, comunistas, POUM) dieron la victoria a las izquierdas por un estrecho margen.
▸ Valoración historiográfica: El Bienio Conservador es considerado por los historiadores como el "fracaso de la democracia republicana". La incapacidad del centro-derecha para gobernar con moderación, unida a la obstrucción sistemática de las reformas del primer bienio y a la brutal represión de Asturias, destruyó cualquier posibilidad de consenso. El bienio no solo no estabilizó la República, sino que aceleró su colapso. La polarización alcanzó niveles insostenibles, preparando el terreno para el Frente Popular (febrero de 1936) y el posterior golpe de Estado de julio de 1936.
"La Revolución de Asturias fue el ensayo general de la Guerra Civil." — Manuel Azaña
Las elecciones generales del 16 de febrero de 1936 fueron las más disputadas y polarizadas de la Segunda República. La coalición de izquierdas, denominada Frente Popular, agrupaba a republicanos de izquierda (Izquierda Republicana de Azaña, Unión Republicana de Martínez Barrio), socialistas (PSOE), comunistas (PCE), el POUM (marxista antiesalinista) y los sindicatos UGT y CNT (estos últimos sin candidatos propios, pero apoyando a la coalición). Enfrente se presentaba la coalición de derechas, integrada por la CEDA de Gil-Robles, los monárquicos alfonsinos (Renovación Española) y los tradicionalistas carlistas, así como el Partido Radical (ya muy desgastado por la corrupción) y la Falange (aún marginal).
▸ Resultados electorales: El Frente Popular obtuvo 4,6 millones de votos frente a 4,5 de las derechas —una ventaja ajustada (un 1% del censo)—. Sin embargo, el sistema electoral (mayoritario con circunscripciones provinciales) favoreció a la izquierda, que logró 267 escaños frente a 140 de las derechas y 62 del centro (Partido Radical y otros). La izquierda obtuvo la mayoría absoluta en las Cortes.
▸ Medidas inmediatas del gobierno del Frente Popular: Tras la formación de un gabinete presidido por Manuel Azaña (mayo de 1936, luego Santiago Casares Quiroga), el gobierno del Frente Popular adoptó decisiones que radicalizaron aún más la situación:
▸ Escalada de conflictividad social y violencia política: La euforia inicial dio paso rápidamente a una espiral de confrontación:
▸ El asesinato de Calvo Sotelo y el golpe final: El detonante definitivo fue el asesinato del teniente de la Guardia Civil José Castillo (socialista) a manos de falangistas (12 de julio de 1936). Como represalia, un grupo de guardias de asalto y milicianos socialistas, al mando del capitán Fernando Condés, asesinó al líder derechista José Calvo Sotelo (13 de julio de 1936), diputado monárquico y una de las voces más críticas con la República en las Cortes. El asesinato fue la chispa que aceleró el golpe militar ya en preparación desde 1935.
▸ El golpe de Estado del 17-18 de julio de 1936: El 17 de julio se alzó el ejército en Melilla; el 18 de julio, la rebelión se extendió a la península (Sevilla, Cádiz, Zaragoza, Burgos, Salamanca, Galicia...). Aunque fracasó en gran parte del territorio (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao), triunfó en la España rural y en las capitales del noroeste. El gobierno republicano, desbordado, armó a las milicias obreras, dando inicio a la Guerra Civil Española (1936-1939).
"Es preferible una República roja a una España rota." — Manuel Azaña, ante la presión de los militares sublevados (julio de 1936).
El 17 y 18 de julio de 1936 se produjo un golpe de Estado militar liderado por los generales José Sanjurjo (que murió en un accidente de avión al día siguiente), Emilio Mola ("el director") y Francisco Franco. El golpe fracasó en gran parte del país, dando inicio a la Guerra Civil Española (1936-1939), uno de los conflictos más sangrientos del siglo XX en Europa.
▸ División del territorio: El alzamiento no triunfó de inmediato. El territorio español quedó dividido en dos zonas:
▸ La Guerra Civil (1936-1939): fases y batallas clave
▸ Ayuda exterior y Brigadas Internacionales: La zona sublevada recibió ayuda masiva de la Italia fascista (Corpo Truppe Volontarie, CTV, unos 70.000 soldados) y la Alemania nazi (Legión Cóndor, unos 5.000 efectivos, más aviones, tanques y asesores). La zona republicana recibió ayuda de la Unión Soviética (aviones, tanques, asesores) y de las Brigadas Internacionales (unos 35.000 voluntarios de 53 países, organizados por la Komintern). Las potencias democráticas (Francia, Reino Unido) aplicaron una política de No Intervención que en la práctica benefició a los sublevados, ya que Alemania e Italia no respetaron el embargo.
▸ Represión y víctimas: La Guerra Civil Española dejó entre 500.000 y 1.000.000 de muertos (incluyendo combatientes y víctimas civiles de la represión en ambos bandos). Se calcula que hubo unos 200.000 ejecutados extrajudicialmente: 150.000 en la zona sublevada (por los tribunales militares franquistas y los "paseos") y 50.000 en la zona republicana (por checas, tribunales populares y desórdenes revolucionarios). A estos se suman los muertos en combate (unos 200.000) y las víctimas de bombardeos y enfermedades.
▸ El exilio republicano: Cerca de 500.000 españoles cruzaron la frontera francesa en los primeros meses de 1939 (la Retirada). Muchos acabaron en campos de concentración improvisados en las playas del sur de Francia. Posteriormente, una parte importante emigró a México (gracias a la política de acogida del presidente Lázaro Cárdenas), Argentina, Chile, Venezuela, la URSS y otros países. En el exilio, las instituciones republicanas se reorganizaron: el Gobierno de la República en el exilio funcionó en México (1939-1946) y después en París (1946-1977), manteniendo viva la legitimidad democrática frente a la dictadura.
▸ La Guerra Civil como preludio de la Segunda Guerra Mundial: La Guerra Civil Española fue vista en su época como un preludio de la Segunda Guerra Mundial. Enfrentó en suelo español a la democracia (representada por la República), el fascismo (representado por Franco, Hitler y Mussolini) y el comunismo (representado por la URSS y las Brigadas Internacionales). Muchos historiadores consideran que fue un laboratorio de guerra para los nazis (tácticas de bombardeo masivo, uso de la Legión Cóndor) y para los soviéticos (organización de milicias, asesores).
El 1 de abril de 1939, las tropas franquistas al mando del general Francisco Franco entraron en Madrid, poniendo fin a la Guerra Civil Española (1936-1939). Ese mismo día, Franco declaró oficialmente el fin del conflicto mediante el último parte de guerra: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado". Con este parte, la Segunda República Española fue disuelta de hecho y de derecho.
▸ La dictadura franquista (1939-1975): Franco instauró un régimen autoritario, anticomunista y nacionalcatólico, que duraría hasta su muerte en 1975. Las características del régimen fueron:
▸ El exilio republicano (1939-1977): Cerca de 500.000 españoles cruzaron la frontera francesa en los primeros meses de 1939 (la Retirada). Muchos acabaron en campos de concentración improvisados en las playas del sur de Francia (Argelès, Saint-Cyprien, Le Barcarès). Posteriormente, gracias a la mediación de organismos internacionales y de gobiernos latinoamericanos, una parte importante emigró a:
En el exilio, las instituciones republicanas se reorganizaron. El Gobierno de la República en el exilio funcionó en México (1939-1946) y después en París (1946-1977), presidido por Diego Martínez Barrio, Luis Jiménez de Asúa y José Maldonado. Aunque sin poder real, mantuvieron viva la legitimidad democrática frente a la dictadura franquista y fueron reconocidos por varios países (URSS, México, Yugoslavia, etc.).
▸ Represión y memoria histórica (1939-2007): Durante décadas, la dictadura franquista impuso una "paz forzada" basada en el silencio y el miedo. Los nombres de los represaliados fueron borrados, las fosas comunes permanecieron abiertas y se prohibió cualquier símbolo republicano (bandera tricolor, himno de Riego, lazos morados). La Ley de Memoria Histórica (2007), aprobada por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, reconoció a las víctimas de la represión franquista, condenó oficialmente el régimen y estableció medidas para la exhumación de fosas y la retirada de símbolos franquistas (calles, estatuas, placas). Su aplicación ha sido parcial y polémica, especialmente con el gobierno del Partido Popular (2011-2018) y la posterior Ley de Memoria Democrática (2022).
▸ Legado simbólico de la República: A pesar de su derrota militar, la Segunda República se convirtió en un símbolo de la democracia frustrada y de los ideales de justicia social, igualdad de género y laicidad. Sus himnos (El Himno de Riego), banderas (la tricolor) y figuras (Azaña, Lorca, Pablo Iglesias, Clara Campoamor) fueron durante el franquismo emblemas de la resistencia antifranquista. En la Transición (1975-1982), la memoria de la República influyó en la Constitución de 1978 (derechos sociales, estado de las autonomías, laicidad positiva). Hoy, la memoria de la República sigue viva en los debates sobre la monarquía o república, en la reivindicación de la justicia para las víctimas del franquismo y en la construcción de una democracia española plena.
La Segunda República Española (1931-1939) representa el primer gran experimento democrático de masas en la historia de España. Su fracaso no fue inevitable, pero sí fue el resultado de una confluencia de factores internos y externos que hicieron inviable la democracia en un contexto europeo de auge de los fascismos y de radicalización de las clases populares.
Factores internos del fracaso republicano:
Factores externos:
Legado e influencia en la Transición y la democracia actual: La memoria de la República fue durante el franquismo un símbolo de resistencia democrática. Los partidos de izquierda (PSOE, PCE, Izquierda Republicana) mantuvieron viva la bandera tricolor y el himno de Riego. En la Transición (1975-1982), la Constitución de 1978 recogió muchos de los principios republicanos:
Sin embargo, la Transición evitó un debate abierto sobre la monarquía o la república por temor a una nueva fractura. La monarquía parlamentaria de Juan Carlos I fue aceptada como mal menor para garantizar la estabilidad. Hoy, el debate entre monarquía y república sigue abierto, especialmente entre los jóvenes y la izquierda.
Conclusión historiográfica (consenso académico): La Segunda República fue un intento fallido pero valioso de democratización y modernización. Su fracaso se debió a una combinación de factores internos (radicalización, violencia, debilidad institucional) y externos (contexto europeo de auge fascista, No Intervención). No fue un "paraíso perdido" (como a veces lo mitifica la izquierda) ni un "infierno de odio anticlerical" (como lo describe la derecha), sino un proyecto democrático truncado por el golpe militar y la Guerra Civil. Su legado perdura en la Constitución de 1978 y en la memoria de millones de españoles que aún reivindican la bandera tricolor y los ideales de libertad, igualdad y fraternidad.
Criterio y sintaxis: Exposición clara, estructurada en apartados con negritas, definiciones precisas y lenguaje académico pero accesible. Se han utilizado fuentes históricas de referencia (Santos Juliá, Hugh Thomas, Paul Preston, Julián Casanova) y se ha evitado el partidismo.